Los ámbitos de sociabilidad de los esclavos en la América hispana (siglos XVI-XVIII)


INTRODUCCIÓN

En este trabajo nos disponemos a responder a una serie de preguntas: ¿cuáles fueron los principales ámbitos de sociabilidad de los esclavos africanos en América?, ¿cómo eran estos ámbitos? y ¿en qué consistió esa sociabilidad? Para poder realizar este análisis es necesario estudiar de manera separada la sociabilidad del esclavo rural y la sociabilidad del esclavo urbano ya que son dos medios sociales muy distintos entre sí que determinarán las diferentes formas que tendrán los esclavos de relacionarse entre sí.

Por tanto, intentaremos analizar las líneas maestras de los mecanismos empleados por los esclavos para conservar su cultura, para fortalecer los lazos de identidad étnica, para ayudarse de manera mutua y, en ocasiones, para integrarse en la sociedad colonial que les oprime. Todo este análisis lo centraremos en la América hispana entre el siglo XVI y el siglo XVIII. Dedicaremos una especial atención a las cofradías de negros que tuvieron una importancia capital en la evangelización de los esclavos urbanos y fomentaron de manera importante la creación de lazos entre los estos esclavos y los negros y mulatos que ya gozaban de libertad y que, por lo tanto, estaban más integrados en la sociedad americana. Junto con esto, también analizaremos otros ámbitos de sociabilidad como son los barracones y los palenques en el mundo rural, y los cabildos de nación en el mundo urbano.

Para la realización del trabajo se han empleado varios artículos científicos que tratan sobre estos temas y alguna otra obra de consulta para enmarcar el discurso en su contexto.

1. LA SOCIABILIDAD DEL ESCLAVO RURAL

En África, las sociedades se organizaban en torno a los conceptos de tribu y familia; de hecho, el hombre o la mujer tenía sentido, no como individuo, sino como integrante de un grupo.[1] Sin embargo, en el momento de la captura y de la trata de los negros africanos, todo esto desapareció en mayor o menor medida, ya que el desarraigo de los esclavos era un mecanismo necesario de dominación que buscaba impedir posibles resistencias y rebeliones. Sin embargo, hubo elementos sociales organizativos, grupos de edad y étnicos, que pudieron mantenerse a pesar de lo traumático de la trata. Estos grupos se vieron reflejados y, en cierta manera, fortalecidos en los ingenios americanos, ya que, en el mundo esclavo campesino se dio una cultura endógama, debido al aislamiento casi total de los esclavos en las plantaciones. Esta cultura es mucho más resistente e impermeable a los elementos de la cultura dominante que la sociedad urbana, mucho más cambiante, moldeable y permeable a las transformaciones sociales.[2]

Los terratenientes siempre procuraron mantener una cierta diversidad étnica entre los esclavos de sus ingenios para evitar elementos de identificación común que pudiesen llevar a rebeliones o resistencias. Sin embargo, en el plano práctico, esta idea tuvo limitaciones debido a que el suministro de esclavos a América estaba circunscrito a unas zonas concretas de África y a que la experiencia de los propietarios desde el comienzo de la colonización en el siglo XVI había delimitado una serie de estereotipos de negros con diferentes cualidades de carácter y fuerza física en función de su etnia o lugar de procedencia. Por esto mismo, los plantadores tendieron a tener unas ciertas preferencias por los esclavos de unas zonas u otras de África.[3] Por ello, la diversidad étnica y, sobre todo, lingüística no resultó ser tan importante como a priori pudiera parecer y como era la intención inicial de los plantadores esclavistas.

1.1. Los barracones

En las plantaciones, el lugar fundamental de sociabilidad de los esclavos eran los barracones. Durante el siglo XVIII se aumentaron notablemente el número de dotaciones de esclavos y se fue generando cada vez más una sociedad eminentemente masculina y de claro componente africano, frente a la sociedad más criolla y equilibrada en lo referente a los sexos de etapas anteriores. Esos barracones, se convirtieron en el ámbito social por excelencia reservado a los esclavos, ya que en ellos no entraban los amos ni los mayorales.[4] En ellos, las estructuras clánicas fueron sustituidas por otro tipo de relaciones sociales que no necesariamente pasaban por la etnia. Los elementos de liderazgo dentro de la sociedad de los barracones se eligieron en base a dos factores fundamentales: el conocimiento de la lengua del plantador y el conocimiento de las tradiciones africanas. [5] El primer factor estaba relacionado con el prestigio que podía otorgar dentro del grupo el poder comunicarse con el amo, y el segundo con la capacidad de mantener la memoria y la cultura africana. Por esto mismo no nos ha de extrañar la existencia de “jefes” criollos y bozales. Dentro de la sociedad de los barracones es importante el componente religioso como forma de mantener viva la identidad cultural en oposición a la cultura de los amos. A este respecto debemos pensar que los panteones animistas africanos tuvieron que reorganizarse dentro de estas sociedades debido a la diversidad étnica y cultural reinante en estos grupos de las plantaciones. Además, la religión católica otorgó a los esclavos gran cantidad de santos y vírgenes que podían ser asimilados y que cumplían funciones muy parecidas a las de las divinidades animistas africanas. Todo esto fue favorecido por la pasividad en este aspecto de los plantadores, que veían en las fiestas con tambores de los negros un elemento de barbarie, pero inofensivo. Este proceso dio lugar a un sincretismo muy interesante que permitía a los esclavos conservar lo esencial de sus creencias religiosas.

1.2. Los palenques

            En este punto, es necesario tener en cuenta los palenques como medio de sociabilidad de los esclavos huidos, ya que constituye un elemento importante derivado de la sociedad de las plantaciones, ya que de ellas proceden, fundamentalmente, la población de estos palenques.

La estructura organizativa de los palenques vino determinada en gran medida por las necesidades de los esclavos huidos y depende del momento histórico en el que se sitúen. Las primeras comunidades de cimarrones tienen como dirigente a un hombre que se titulaba rey, sin embargo, en los siglos XVIII y XIX parece que la titulatura de estos jefes es la de capitán.[6] Estos palenques resultaron una influencia negativa para las plantaciones porque realizaban un “efecto llamada” sobre las dotaciones de los ingenios que veían en ellos una oportunidad de huida de la explotación a la que estaban abocados y les ofrecía un modelo de organización social y económico autónomo. Sin embargo, el abastecimiento de estos palenques era complicado, ya que necesitaban obtener recursos imprescindibles a los que no podían acceder de manera autosuficiente. Por ello debían recurrir al comercio con libres o esclavos con libertad de movimientos o a robos en las plantaciones.

Normalmente y de manera lógica, los palenques se organizaban en cuadrillas jerarquizadas que se encargaban de la defensa y de la captación de la mayor cantidad de esclavos huidos posible. Hay un elemento importante de estos grupos que es la masculinización, producto de la estructura de las dotaciones de las plantaciones que eran, eminentemente masculinas. Este hecho supone un problema para la reproducción y supervivencia del palenque. Por ello, debemos suponer que la importancia de las mujeres en estos grupos sería notable debido, precisamente, a su escasez.

2. LA SOCIABILIDAD DEL ESCLAVO URBANO

La vida del esclavo era mucho mejor en las poblaciones que en el campo. El esclavo urbano se dedicaba al servicio personal de los amos o a diferentes oficios manuales que se suelen realizar en las ciudades. En las poblaciones tenían muchas más posibilidades de encontrarse a esclavos en su situación y a esclavos que había conseguido liberarse a través de la compra de su libertad, etc., por ello, podemos pensar que estos esclavos vivían en una sociedad más plural y podían tener más aspiraciones que los que trabajaban en las plantaciones, los cuales vivían aislados de otras posibilidades de supervivencia. No nos debe extrañar, por tanto, que existan mecanismos de sociabilidad y de mutualismo sobre todo en las ciudades, donde además de todo esto, la presencia de las órdenes religiosas y del clero secular era mucho mayor ya que, como veremos, la iniciativa de las cofradías muchas veces partía de los estamentos clericales.

2.1. Las cofradías

La Iglesia siempre tuvo interés en la evangelización de los esclavos africanos que llegaban a América como forma de integración social, cultural y religiosa dentro del mundo colonial. Por ello, tanto las autoridades civiles como las religiosas fueron partidarias de la creación de cofradías como medio de evangelización, de aprendizaje de la doctrina cristiana y de preparación para la recepción de los sacramentos. [7] Estas cofradías se inspiraron en las ya existentes en la Península que fueron remodeladas tras el concilio de Trento (1545-1564) el cual, entre otras cosas, colocó a las cofradías bajo la jurisdicción del obispo correspondiente. Este concilio también influyó en los objetivos de estas organizaciones, valorando las obras del hombre y la mortificación como manera de llegar a la santidad. Además promovió la adoración del Santísimo Sacramento y de las reliquias de los santos, instando a la realización de manifestaciones procesionales con sus imágenes. [8]

Las cofradías buscaban la mejora espiritual y material de sus miembros a través de tres vías. En primer lugar, fomentaban el culto al Santísimo Sacramento, a Cristo, a la Virgen y a los santos patrones representados en esculturas. En segundo lugar, incitaban a las prácticas religiosas colectivas (misas, rosarios, procesiones, etc.) e individuales (limosna, pago de cuotas en la cofradía etc.). En tercer lugar, impulsaban al ejercicio de la caridad entre los pobres y enfermos y entre los propios miembros de la cofradía, incluso llegando a proporcionar los medios para comprar su libertad pero sobre todo, para garantizar los gastos de los funerales y entierros de los cofrades.[9] Es evidente el interés especial que podían tener los negros a la hora de acceder a estas cofradías, ya que el carácter mutualista de las mismas y de sus miembros era una forma de mantener la conciencia de solidaridad que influía positivamente en sus ansias de autonomía e independencia con respecto a la sociedad dominante. Estas cofradías eran una atractiva vía para fomentar la comunidad de negros y para conformar un sentido de pertenencia de sus miembros a través de la preservación de la lengua y la esencia de las tradiciones culturales africanas.[10]

Es importante destacar el carácter de estas cofradías como elementos de sociabilidad étnica, ya que el hecho de que admitiesen a esclavos y a libres fomentó lazos entre estos dos grupos, unos oprimidos por el sistema, y otros, ya integrados en él. Además, las fiestas patronales fueron el barniz exterior que cubría las expresiones étnicas que se manifestaban a través de danza, música y folklore en general. Todo esto dio lugar a un cierto sincretismo religioso entre elementos africanos y cristianos.

Las cofradías de negros fueron promovidas por diferentes instituciones religiosas (parroquias y órdenes religiosas), por los propios negros libres y esclavos y, en algunas ocasiones por un laico como es el caso del Doctor Pedro López que solicitó la creación una cofradía para los negros de México en el año 1585, para adoctrinar a éstos en el cristianismo.[11]

2.1.1. Los miembros de las cofradías

Las cofradías de negros quedaron estructuradas, en mayor o menor medida en función de la etnia, hecho en el que influyó el ambiente de pureza de sangre y estratificación por el color de la piel propio de la sociedad colonial donde se insertaban. De esta forma, encontramos en las fuentes negros, mulatos, pardos, morenos, libres y esclavos pertenecientes a diferentes etnias africanas, preferentemente varones aunque hubo algunas que admitieron mujeres y que llegaron a ser mayoritarias. Las cofradías clasificadas según la etnia, fueron las preferidas en el siglo XVI, pero a partir del siglo XVII y, sobre todo el XVIII, la presencia de blancos o “españoles” en estas cofradías se ve ampliada notablemente. En el caso peruano, está bastante estudiado que existe una relación entre las “naciones” esclavas y las diferentes cofradías y cabildos de negros, aunque hay otras zonas donde esta relación no parece ser tan clara. Es lógico pensar que los miembros de estas cofradías, ya sean esclavos o libres, tuvieron cierto nivel económico y social debido a que eran los únicos con algo de tiempo libre y con recursos para dedicarse a las actividades de las cofradías, por ello, estas hermandades estarían fundamentalmente, formadas por la elite de color esclava o libre. [12]

Para ilustrar la explicación vamos a citar el ejemplo de la Hermandad de Santa Ana de la ciudad de Panamá, cuyo expediente de 1765 recoge la relación de sus miembros, con lo que nos da una foto fija de su composición interna.[13] En dicho listado aparecen un total de 414 miembros, sin embargo, llama la atención el anonimato al que están sometidos gran parte de los mismos. Este anonimato tiene una doble razón de ser: por un lado, para evitar realizar un listado demasiado extenso; y por otro, para resaltar a aquellas personas que merecen ser expresadas por razón de sus carácter, es decir, por su nivel de estima social.[14]

            De estos datos podemos extraer varias conclusiones. En primer lugar, la aplastante mayoría de negros que hay en la cofradía, con un 81% del total, sin embargo y por desgracia, no se explicita su condición jurídica (esclava o libre). En segundo lugar, observamos la gran cantidad de mujeres negras que hay, un 60% del total. En tercer lugar, nos muestra la situación minoritaria de los blancos o “españoles” (hombres y mujeres) en esta cofradía. Sin embargo, conviene matizar estos datos con el carácter de los diferentes grupos que integran esta cofradía. En primer lugar, en este listado se observa una diferenciación de trato entre negros y “españoles”. Los blancos cuyo nombre se cita en el listado aparecen precedidos por el tratamiento de don/doña o excelentísima, hecho que no ocurre con los negros. Además, sólo reciben el nombre de “cofrades” los presbíteros y españoles varones, mientras que las mujeres blancas y las personas de color son tratadas como hermanos o hermanas.[15]

Todo esto, nos muestra la intención segregacionista que transluce el texto y que, seguramente, sería trasladable a las relaciones sociales que se darían dentro de la propia cofradía panameña. Este segregacionismo no es más que el reflejo de una sociedad colonial donde la pureza de sangre es tan importante y donde esa pureza determina el lugar a ocupar en la sociedad, por regla general.

Tras analizar este ejemplo, es conveniente dedicar unas líneas a los cargos que hay dentro de la propia cofradía y que determinan el estatus de sus miembros, o más bien, el estatus de sus miembros determina la posibilidad o no de desempeñar estos cargos. Los miembros de la cofradía se reunían en una asamblea formando el cabildo donde se nombraban a los protectores y defensores, los mayordomos, procuradores y oficiales (tesoreros, celadores, diputados, etc.). Esta asamblea se reunía generalmente, cada año para la elección de los cargos y para revisar las cuentas. Había, por lo general un mayordomo por cada etnia (negros, blancos y criollos) y sus funciones principales eran visitar la iglesia parroquial donde tenía su sede la cofradía colaborando con el teniente de cura en todo lo necesario para el cuidado del culto, de la iglesia, de los altares y de los cementerios. [16] La lucha por el desempeño de estos cargos que daban prestigio dentro de la cofradía y de la sociedad urbana provocó disensiones dentro de estas hermandades entre blancos y negros y entre libres y esclavos. La jerarquización de los miembros fue muchas veces un motivo de queja ya que cada uno hacía referencia a sus privilegios adquiridos y a la antigüedad de pertenencia a la cofradía. También abundan las denuncias por malas actuaciones en la elección de mayordomos que requería la intervención de los protectores de las cofradías para solucionar el asunto.[17]

2.1.2 Las advocaciones de las cofradías y las prácticas religiosas

Todas las cofradías nombraban como titular a algún misterio de la religión cristiana, Cristo, la Virgen o los Santos, bajo cuya protección se colocaban y al que dedicaban la mayoría de las actividades de culto. Entre las advocaciones más populares estaban  la Santísima Trinidad, Cristo, las diferentes advocaciones marianas, entre las que destaca Nuestra Señora del Rosario; entre los santos, San Benito de Palermo que era un santo negro muy venerado entre los negros de América, y también Santa Rosa. Muchas cofradías de negros tenían aparte del titular, como advocación a las Ánimas, devoción muy arraigada entre la población negra. Muchas veces, los titulares de las cofradías se asimilaron a las divinidades tradicionales africanas, como es el caso de los santos Cosme y Damián de Santo Domingo y los que están bajo la advocación de San Juan Bautista, relacionado con la deidad Shangó del vudú. [18]

La cofradía como organización religiosa se introdujo en América procedente de la Península, donde suplantó,  con bastante éxito a las antiguas fiestas paganas. La Iglesia procuró que los negros, al igual que los blancos e indios, formasen hermandades y cofradías propias. En estas asociaciones con fines religiosos y asistenciales, se reforzaron los lazos de pertenencia étnica y de amistad a través de la celebración colectiva de rituales religiosos. En estas cofradías se dio un progresivo sincretismo entre las creencias tribales africanas y las creencias cristianas, hasta llegar a una aculturación prácticamente total. Entre las prácticas religiosas fundamentales, estaba la celebración de la fiesta de la advocación principal, con la salida en procesión portando las imágenes escultóricas de la cofradía, o la participación de las hermandades en las procesiones de Semana Santa.

Por último, respecto a las prácticas de las cofradías hay que destacar el papel fundamental que jugaron a la hora de garantizar el tránsito de la vida a la muerte de sus miembros. Todos los hermanos, ya fueran libres o esclavos, tenían derecho a un entierro digno. Cuando llegaba la hora, por lo general, lo único que se exigía, además de la pertenencia a la cofradía, era la comprobación de que estaba al día en el pago de las cuotas a la misma. Tras esta comprobación, la cofradía se hacía cargo de los gastos de entierro y de realizar las exequias y misas correspondientes. Por supuesto, en este aspecto, también encontramos diferencias de trato entre los miembros de estas asociaciones, ya que, por lo general, a los miembros de la junta de gobierno se les reservaba una ceremonia funeraria más detallista que al resto de hermanos.[19]

2.2. Los cabildos de nación.

            Los cabildos de nación son asociaciones de negros esclavos agrupados por su lugar de origen. Las actividades fundamentales de estas organizaciones consisten en la  realización de sus bailes, músicas e instrumentos tradicionales, pero además, adquirieron el carácter de auxilio y beneficencia social entre sus miembros para el costeo de los funerales e, incluso, para comprar la libertad de algunos integrantes.[20] La diferencia fundamental con respecto a las cofradías de negros es que son organizaciones eminentemente laicas, en comparación con el eclesiastismo de las cofradías, que estaban bajo la tutela del obispo diocesano y cuyo objetivo era de tipo religioso (promoción de la piedad y de la vida cristiana). Los cabildos tienen un carácter de asociación de ocio y de socorro mutuo. A pesar de todo esto, y como reflejo de la religiosidad e influencia de la Iglesia en la sociedad, los cabildos se situaban bajo la protección de un santo o de una virgen cristiana.

Los cabildos se desarrollaron en varias partes de la América hispana, pero tuvieron un peso importante en la isla de Cuba. Estas organizaciones sólo podían estar integrados por negros nacidos en África, y estaba prohibida la entrada a los hijos de los negros nacidos en Cuba. Este hecho, contribuyó a mantener las tradiciones africanas vivas dentro de unos grupos sólo integrados por africanos de una “nación”. Según Natalia Bolívar, estos cabildos, al no estar sujetos a la tutela de la Iglesia, fueron refugios donde se mantuvo y se desarrolló una religión propia. [21] Los cabildos estaban presididos por un rey escogido de entre los miembros de más edad, con una jerarquía tribal o religiosa, o podían estar presididos por tres capatanes o capitanes y tres madrinas o matronas, elegidos por votación, estableciendo una jerarquía. En ellos se practicaba el socorro mutuo, se instalaban escuelas de lenguas y eran guardianes de las tradiciones africanas. Además, practicaban el culto a ciertas deidades africanas como, por ejemplo, el Cabildo de Changó en la Habana.[22]

Entre los cabildos más conocidos de Cuba están los lucumíes, los congos-angolas, los mandingas, los araras y los carabalíes, que se cobijaron bajo la advocación de la Virgen María. Natalia Bolívar afirma que “en la primera etapa las creencias religiosas de más de 200 etnias introducidas en Cuba conservarían su fidelidad en la liturgia a la usanza de su país de origen, conservando la lengua, los toques y las danzas con las características propias y sin influencia del mundo ajeno que las rodeaba”.[23] Me parece, sin embargo, que esta es una afirmación demasiado rotunda ya que, al fin y al cabo, estos esclavos estaban insertos en la sociedad americana de una manera más o menos fuerte y seguro que, a pesar de ser los primeros estadios del esclavismo, hubo influencias externas que darían lugar a ese sincretismo del que hemos hablado con anterioridad.

3. CONCLUSIÓN

Tras este trabajo, podemos extraer una serie de conclusiones acerca del tema del estudio, los ámbitos de sociabilidad de los esclavos en América:

1-      Hemos observado que la sociabilidad del esclavo rural y del esclavo urbano presenta claras diferencias debido al distinto entorno que se da. Por un lado, en las plantaciones se desarrollan  unas sociedades de tipo endógeno, limitadas casi exclusivamente a las dotaciones que trabajan en ellas. Por el otro, en el mundo urbano, las relaciones son más abiertas y los esclavos gozan de más independencia para asociarse y relacionarse con personas en su misma situación o con un estatuto de libertad.

2-      La sociabilidad del esclavo rural se desarrolla fundamentalmente en los barracones donde los miembros de las dotaciones podían relacionarse con mayor libertad, lejos de sus amos y de los mayorales. Los palenques son agrupaciones de esclavos, rurales sobre todo, que han huido de sus lugares de trabajo en busca de una sociedad en libertad donde se organizan de forma jerárquica y donde está presente un gran porcentaje de hombres producto de la masculinización de las dotaciones de las plantaciones.

3-      En el mundo urbano destacan dos tipos de asociación en la que participan los esclavos, y donde desarrollan lazos de identificación étnica y de conservación de las tradiciones africanas, las cofradías y los cabildos de nación.

4-      Las cofradías de negros servían para evangelizar a los negros y, de esta manera, integrarlos en la sociedad cristiana colonial. Por ello, la Iglesia estaba muy interesante en la creación de estas hermandades que nacen de la iniciativa del estamento eclesiástico, de un particular o de los propios negros esclavos y libres. La composición de estas cofradías es heterogénea y va variando a lo largo del tiempo, participando inicialmente únicamente negros y mulatos libres y esclavos y abriéndose con posterioridad a los blancos. En estas cofradías se entremezclaban los elementos culturales y religiosos africanos con la doctrina cristiana, dando lugar a un progresivo proceso de sincretismo religioso que originará una aculturación de los afroamericanos. Es de destacar el papel mutualista de estas hermandades que financiaban, sobre todo, las ceremonias funerarias de sus miembros.

5-      Los cabildos de nación, a diferencia de las cofradías agrupan a los esclavos negros de primera generación (nacidos en África) en función de su lugar de origen y tienen una vocación más laica ya que no dependen de la autoridad eclesiástica. En estas organizaciones se conservaban los elementos culturales de las diferentes “naciones” de negros a través de la realización de bailes, fiestas etc. y también cumplían un papel mutualista al igual que las cofradías.

4. BIBLIOGRAFÍA

LAVIÑA, J. “Comunidades afroamericanas. Identidad de resistencia.”, Boletín americanista, 1998, pp. 139-151.

GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”

MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol 57, nº1, 2000, pp. 137-169.

BOLÍVAR, N., “El legado africano en Cuba” Papers 52, 1997, pp.155-166.

ORTIZ, F., Los negros esclavos, 1988, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

AMORES CARREDANO, J.B., Histórica de América, 2006, Edit


[1] LAVIÑA, J. “Comunidades afroamericanas. Identidad de resistencia.”, Boletín americanista, 1998, pp. 139-151. Pág. 141.

[2] Ibidem, Pág. 141.

[3] LAVIÑA, J. “Comunidades afroamericanas. Identidad de resistencia.”, Boletín americanista, 1998, pp. 139-151., Pág. 142.

[4] Ibidem. Pág 145.

[5] Ibidem, Pág. 146.

[6] LAVIÑA, J. “Comunidades afroamericanas. Identidad de resistencia.”, Boletín americanista, 1998, pp. 139-151. Pág. 147

[7] GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”

[8] Ibidem, pág. 1

[9] MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol. 57, nº1, 2000, pp. 137-169. Pág. 137

[10] GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”

[11] GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”

[12]GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”, pág. 3

[13] MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol. 57, nº1, 2000, pp. 137-169. Pp. 161-166

[14] La gráfica y el cuadro han sido tomados del citado trabajo de Mena García, C., Páginas 163 y 165.

[15] MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol 57, nº1, 2000, pp. 137-169. Pág. 162.

[16] MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol 57, nº1, 2000, pp. 137-169. Pág. 154.

[17] GUTIERREZ AZOPARDO, I.”Las cofradías de negros en la América Hispana. Siglos XVI-XVIII”

[18] Ibidem, pág. 3-4

[19] MENA GARCÍA, C.”Religión, etnia y sociedad: cofradías de negros en el Panamá Colonial” Anuario de estudios americanos, vol 57, nº1, 2000, pp. 137-169. Pág. 157.

[20] BOLÍVAR, N. “El legado africano en Cuba” Papers 52, 1997, pp.155-166. Pág. 156

[21] Ibidem, Pág. 157

[22] Ibidem, Pág. 157

[23] BOLÍVAR, N. “El legado africano en Cuba” Papers 52, 1997, pp.155-166. Pág. 158.

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